El desarrollo de la Guerra Civil Española se caracterizó por una evolución militar y política compleja, marcada por la consolidación de dos zonas enfrentadas: la controlada por el bando sublevado y la que permaneció bajo la autoridad del gobierno republicano. Desde los primeros momentos, el conflicto adquirió una dimensión internacional, con la participación indirecta de potencias extranjeras y el apoyo de voluntarios internacionales. En el plano militar, la guerra se desarrolló a través de diversas campañas y frentes, entre los que destacan la lucha por el control de Madrid, las operaciones en el norte peninsular y las ofensivas en el este, como la batalla del Ebro. La progresiva organización del bando sublevado y su superioridad en determinados recursos resultaron decisivas en la evolución del conflicto. Por su parte, el bando republicano afrontó dificultades derivadas de la heterogeneidad de sus fuerzas y de las tensiones internas, a pesar de contar con una importante movilización social y el apoyo de las Brigadas Internacionales. A lo largo de la guerra, la población civil se vio profundamente afectada por la violencia, los desplazamientos y la escasez de recursos. El conflicto concluyó en 1939 con la victoria del bando sublevado, dando paso a una nueva etapa en la historia de España.