Los antecedentes de la Guerra Civil Española se sitúan en un contexto de profunda inestabilidad política, social y económica durante las primeras décadas del siglo XX. La crisis del sistema de la Restauración, la conflictividad social, el impacto de la Guerra de Marruecos —especialmente tras el Desastre de Annual en 1921— y la posterior dictadura de Primo de Rivera debilitaron las estructuras tradicionales del Estado. La proclamación de la Segunda República en 1931 supuso un intento de modernización política y social, con reformas en ámbitos como el ejército, la educación, la propiedad agraria y la relación entre Iglesia y Estado. Sin embargo, estas reformas generaron una fuerte polarización en la sociedad española. Durante el periodo republicano (1931–1936), España vivió una creciente tensión política, con alternancia de gobiernos, conflictos sociales, radicalización ideológica y episodios de violencia. La incapacidad para estabilizar el sistema político, junto con el enfrentamiento entre distintas visiones de país, fue configurando un escenario cada vez más conflictivo. Este proceso culminó en el golpe de Estado de julio de 1936, que daría inicio a la Guerra Civil Española.